Madre del Divino Pastor

José Tous Y Soler

TOUS Y SOLER, José (1811-1871). Capuchino, exclaustrado, director de almas, fundador. Nació en Igualada (Barcelona) el año 1811, en el seno de una familia numerosa y de acendrada religiosidad. A los 16 años ingresó en el noviciado de los capuchinos de Sarriá (Barcelona). Se distinguió por una profunda vida interior, alimentada en un gran amor al silencio y a la oración, y por su devoción a Jesús, crucificado y sacramentado, y a María en su advocación como Divina Pastora. Esta unión con Jesús a través de la oración es la que enriqueció su vida apostólica. Irradió a su paso la paz y el bien. Las revueltas sociales del año 1835 en Barcelona le obligaron, como al resto de sus hermanos religiosos, a exclaustrarse y huir a Italia, de donde partió al poco tiempo hacia Toulouse (Francia), para dedicarse durante siete años al ministerio sacerdotal y dirección de las almas. Movido por su celo apostólico, regresó a Barcelona en 1843. Obligado a vivir como sacerdote secular y acogido en una casa particular, mantuvo contactos esporádicos con otros capuchinos también exclaustrados. Pese a todo, su espíritu y acción apostólica le hicieron distinguirse como ferviente capuchino.

El P. José Tous y Soler, profundamente atento a las necesidades de su tiempo y viendo abandonada la educación en la fe de los jóvenes, se sintió impulsado a crear escuelas cristianas y fundó la congregación de las «Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor». Tras obtener, el 17 de marzo de 1850, la aprobación diocesana del obispo de Vic, se abrió el primer colegio en Ripoll el 27 de mayo del mismo año. Desde ese momento el P. Tous se entrega a esta actividad apostólica pese a las muchas dificultades que en ocasiones encontró. Sufría y sufría en silencio; le confortaba ver cómo crecía el instituto en número y en inquietud apostólica. Vivió su fe en el anonimato, en la vida de cada día, sin grandes acontecimientos, sin desear sobresalir; la humildad, uniéndola a un gran amor al silencio y a la oración; la pobreza, como capuchino, aunque fuera del claustro y acogido en una familia acomodada; su laboriosidad hasta el sacrificio, acudiendo allí donde su presencia se hacía más necesaria, sin escatimar esfuerzos; su prudencia y solicitud, buscando siempre el querer divino, que le llevó a actuar sólo cuando estaba totalmente persuadido de lo que el Señor le pedía, siguiendo paso a paso todos los movimientos de las comunidades, la vida de la congregación, animándola y alentándola personalmente. El 27 de febrero de 1871 el P. Tous empezó la celebración de la misa. Se acercó el instante de la consagración y, cuando el padre levantó su mano para bendecir el pan y el vino, su cuerpo se encogió de modo extraño, se inclinó rápidamente y cayó desplomado. [L'Oss. Rom., ed. esp., 09-VIII-1991].