Diriamba y El Güegüense

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Homenaje de la UNESCO a El Güegüense, Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad

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El Güegüense, Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad

"...¡Alcen, muchachos!  ¡Miren cuánta hermosura!  En primer lugar, cajonería de oro, cajonería de plata, güipil de pecho, güipil de pluma, medias de seda, zapatos de oro,  sombrero de castor, estriberas de lazo de oro y plata, muchintes hermosura, Señor Gobernador Tastuanes, asagáneme ese lucero de la mañana que relumbra del otro lado del mar" 

El Güegüense 


Introducción 

 

El Güegüense es una obra de teatro callejera bien conocida a través de toda Nicaragua que se presenta cada año del 17 al 27 de Enero durante las fiestas patronales de San Sebastián, en la ciudad de Diriamba, departamento de Carazo.   La obra de El Güegüense es una  síntesis de la fusión de las culturas españolas e indígenas que combinan el teatro, la danza y la música, siendo considerada una de las expresiones folclórica y literaria  más distintivas de la era colonial en América Latina.

 

La obra es oral e inmaterial y ha sido conservada fielmente por el pueblo.  Sin embargo, textos de la obra han sido compuestos de la tradición oral, probablemente a partir del siglo XVII.  La obra abarca 314 parlamentos en español y náhuatl y por ser folclórica es anónima. Cuatro manuscritos "originales" de la obra han sido peripuestos de la tradición folclórica: El primero lo obtuvo el americanista alemán Karl Herman Berendt (1817-1878), quien fundió dos "originales" que tenía el  Doctor Juan Eligio de la Rocha, el primer gramático e indigenista de Nicaragua.  El segundo lo consiguió el americanista alemán Walter Lehman, quien copió un "original" alrededor de 1908, propiedad del nicaragüense Ramón Zuñiga.  El tercero el Doctor Álvarez Lejarza (1884-1969), hacia los años treinta del siglo XX.  Y el cuarto con 315 parlamentos, conservado por el Diriambino Don José López Romero, actual padrino de la Obra.    El norteamericano Daniel G. Brinton fue el primero en editar los parlamentos obtenidos por Berendt, en el año 1883, en Filadelfia, Estados Unidos.

 

Las historias de la obra giran alrededor de encuentros entre El Güegüense (cuyo nombre se deriva del término Nahuatl güegüe, que es una persona anciana de gran influencia), sus dos hijos y las autoridades coloniales representadas por el Gobernador Tastuanes y el Alguacil.   El Güegüense es traído ante el Gobernador por el Alguacil Mayor por entrar sin permiso a su provincia,  pero la jactancia y las promesas del astuto Güegüense lo ayudan a escapar del castigo y en cambio logra efectuar un casamiento de su hijo mayor con la hija del gobernador.   El interés de la obra no esta en el complot, que es trivial, pero si en el juego inteligente de maniobras verbales, y en el humor, a menudo altamente satírico.  

 

La obra es presentada por ocho caracteres principales apoyados por los bailarines. Los violines, las guitarras y los tambores proporcionan el acompañamiento musical. Los trajes, las máscaras de madera, los sombreros y otras cualidades distinguen los varios caracteres. Por ejemplo, El Güegüense lleva un azote mientras que el Macho Ratón es representado por un personaje de cabeza de caballo derivado de la tradición popular indígena. 

 

De diferentes maneras ha sido clasificada esta obra de teatro: comedia bailante (Daniel G. Brinton), drama épico indígena (Dr. Alejandro Dávila Bolaños), farsa cómica bailable (Alberto Ordóñez), bailete dialogado (Jorge Eduardo Arellano); también ha sido objeto de diversas calificaciones: piedra angular de la tradición dramática [...] de la América Colonial (Franco Cerutti), ejemplo curioso de la tradición de un teatro indo hispánico popular [...] verdadera comedia burlada (G. Díaz Plaja), primer grito escénico del mestizaje (Alberto Ordóñez).  Salomón de la Selva dice de El Güegüense:  "Obra Teatral de valor literario indiscutible, supera a cuanto conocemos de la comedia griega anterior a Aristófanes. Tiene escenas de purísimo lirismo.  Tiene pasajes de lenguaje tan amplio que el propio Aristófanes no le sobrepasa". 

 

El poeta cubano José Martí, en 1884, la califica como comedia maestra después de la conquista, escrita en un dialecto burdo mezcla de castellano bajo y náhuatl corrompido, algunos años después, el maestro universal y nicaragüense Rubén Darío considera que El Güegüense es una obra de simplicidad primitiva donde alternan los diálogos dentro de un marco monótono y pintoresco.

 

El Güegüense es espejo de la identidad del Nicaragüense

 

En la obra de El Güegüense sin duda se encuentran una serie de características del modo de ser del Nicaragüense: la hipérbole para contar las cosas o los hechos que le sucedieron o le suceden en la vida cotidiana, lo astuto para lograr "buenas" oportunidades a las situaciones, el burlarse de su propia tragedia, la comicidad, el humor eufemístico, el aire de fachento, la capacidad para comunicarse con el otro y el uso "inteligente" de las palabras, la suspicacia ante los demás, pero a la vez  la candidez con las cosas que se le promete, en fin una serie de cualidades de la personalidad propia del nicaragüense que es reconocible en cualquier parte del mundo. 

 

El Güegüense es de carácter penitente

 

En su escrito "La Ofrenda de El Güegüense", el historiador diriambino Javier González Montoya explica que la obra es tratada en dos aspectos:

  • Con carácter de estudio  y,

  • Con carácter de penitencia

González Montoya dice que el Güegüense desde el punto de vista de estudio es literario y por ende es artístico, y desde el punto de vista de penitencia es tradicional.  La obra artística es imitada, en cambio la tradicional es la que el pueblo mantiene desde su origen.  Con esto, González expone que El Güegüense literario nace del tradicional y es la otra cara de la moneda.

 

El Güegüense ocupa  el espacio de la tradición para pagar su promesa, y ese es el tributo que ofrece a su Santo Patrono San Sebastián.   Es por esto que la obra tradicional de El Güegüense se presenta únicamente en las "paradas" que se realizan durante Las Fiestas Patronales de Diriamba, todos los años, del 17 al 27 de Enero.

 

González Montoya hábilmente presenta al mundo la dimensión tradicionalista de La Obra de El Güegüense, la cual se puede leer en el siguiente enlace.   La Ofrenda de El Güegüense.

 

En el año 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró "La Obra Teatral El Güegüense" Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad,

 

el 31 de Enero del 2006 el parlamento nicaragüense declaró a El Güegüense como Patrimonio Histórico Cultural de la Nación y a la ciudad de Diriamba, ubicada en el departamento de Carazo, Cuna de El Güegüense  y,

 

el 7 de Febrero del 2006 en el atrio de la Basílica menor de San Sebastián el Presidente de Nicaragua Enrique Bolaños Geyer felicita a Diriamba por salvaguardar la Obra inmortal del Güegüense.

 

El Güegüense Tradicional Folclórico

Mayordoma: Luvy Rappaccioli Navas

Padrino: José López Romero


Recreación de El Güegüense


 

Fiestas Patronales de San Sebastián

 

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Sones de El Güegüense

- El Güegüense

- Corrido de 1944

- Grabación 1951

- Grabación de 1967

- Grabación Refinada

- Música publicada por el Dr. Brinton

- El Borracho

 

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Sinopsis de "El Güegüense"

 

El Gobernador Tastuanes y el Alguacil se encuentran y se ponen a conversar.  El Gobernador ordena que suspendan los cantos y bailes que se está divirtiendo el Cabildo Real, lamentándose de la pobreza en que éste se encuentra.  Ordena asimismo que no se permita a nadie entrar en sus dominios sin licencia de la ronda.  El Alguacil se queja de que la indigencia es tal que no tienen ropas decentes que ponerse, de lo cual culpa al Güegüense.  El Gobernador se refiere en duros términos al Güegüense, y ordena lo traigan a su presencia a como de lugar.

 

El Güegüense, que junto con sus dos hijos está oyendo lo que pasa, se da cuenta de la orden, pero aparenta creer que se refiere a un ternero, o a un portillo.

 

El Alguacil se presenta como sirviente del Gobernador.  El Güegüense finge creer que quien desea verlo es una criada.  El Alguacil le pone las cosas en claro y le dice que se apure, que salga volando a ver al Gobernador.  El Güegüense toma literalmente la palabra "volar" y hace mofa de un viejo que pudiera correr y volar.  El Alguacil le dice que debe aprender a saludar correctamente al Gobernador para cuando tenga que presentarse ante él, para que lo que se ofrece enseñarle, previa remuneración, la forma cortesana de salutación.  El Güegüense acepta la propuesta, pero finge no entender lo de la remuneración, y contesta con una serie de equívocos y burlas.  Pero al fin saca su dinero, que, sin embargo, no entregará hasta que el Alguacil le enseñe la lección.  Este recita la forma de salutación, la que el Güegüense pretende mal interpretar, repitiendo, en cambio, frases de sonido parecido en que irrespeta al Gobernador.  El Alguacil lo amenaza con darle de cuerazos, y al persistir el Güegüense en sus sarcasmos, le pega dos riendazos, y prosigue la lección.

 

En eso aparece el Gobernador; contesta el saludo de el Güegüense y le pregunta como ha llegado hasta allí sin tener licencia.  El Güegüense primero le cuenta cómo se las ha ingeniado antes para viajar por otras provincias sin licencia alguna.  Pero, dándose cuenta de que eso no viene al caso, trata con artimañas de que el interrogatorio venga a caer en el relato de una ambigua historia respecto de cómo él obtuvo, en cierta ocasión, licencia de una niña, licencia que no era propiamente para poder viajar.  El Gobernador no se deja embaucar y corta secamente el cuento, El Güegüense entonces propone al Gobernador hacerse amigos, diciéndole que así sacaría una tajada de las inmensas riquezas y bellos atavíos que guarda en su toldo, o tienda.  Duda el Gobernador de que eso sea verdad, y por esos dispone hablar en un aparte con Don Forsico, el hijo mayor del Güegüense.

 

Don Forsico corrobora el aserto de su padre y le dice: "el día y la noche son cortos para contar las riquezas de mi padre" .

 

El Gobernador, no obstante, sigue dudando y resuelve interrogar a Don Ambrosio, el más joven de los hijos de El Güegüense.  El muchacho cuenta una historia muy diferente.  Dice que todo lo que ha relatado su padre es puro embuste, que el viejo es un pobre pelagato, y además ratero.  El Güegüense, que alcanza a oírle, se queja de él calificándolo de afrenta para el buen nombre de la familia; y Don Forsico le asegura al Gobernador, en términos, que no dejan a dudas, que Don Ambrosio no lleva en sus venas una sola gota de sangre de El Güegüense.

 

Para dilucidar la cuestión el Gobernador propone al Gobernador mostrarle la mercancía bajo su toldo, y manda a sus dos hijos por lo uno y por lo otro.  Luego le ofrece varias cosas imposibles, como decir un lucero que se columbra por un agujero del toldo, más una vieja jeringa de oro para medicinar al Cabildo Real del Señor Gobernador.  Mas como este le responde con aspereza, el Güegüense cambia de inmediato su discurso para hacer un elogio de las habilidades de Don Forsico en los múltiples oficios que tiene.  Interésale esto al Gobernador y pide a Don Forsico le demuestre su saber.  Esta alardea de todo lo dicho acerca de él, y al preguntarle el Gobernador si también saber bailar danza allí mismo junto con su hermano y su padre. 

 

El Gobernador pide que bailen otra vez, y así lo hacen los tres; y luego danzan dos veces más participando también el Gobernador y el Alguacil.

 

A continuación el Gobernador les pide que dancen el baile del macho-ratón.  Encabezándolo Don Forsico.  El Güegüense entre tanto aprovecha la ocasión para pedir al Gobernador la mano de su hija Doña Suche Malinche.  El Gobernador manda al Alguacil que traiga al Escribano Real, quien llega en compañía de Doña Suche Malinche y otras doncellas.  El Escribano habla del lujoso ajuar que es de esperarse habrá de aportar el pretendiente, y el Gobernador dice que el Güegüense quiere picar muy alto.  El viejo aclara entonces que no es para sí que ha pedido a la muchacha sino para su hijo Don Forsico, y en seguida trata de hacer creer que lamenta el casamiento de su hijo.  Sea como fuese, va presentando a las doncellas, una por una, las que Don Forsico a su vez va rechazando con frases despectivas, hasta que llega el turno de Doña Suche Malinche, de quien se prenda, y con quien se casa.  El Gobernador sugiere entonces que le Güegüense obsequie el Cabildo con vinos españoles.  El viejo simula no entender, pero cuando ya no puede zafarse, y dice no saber dónde obtener el licor que viene y lo saca de apuros.  Don Forsico que con malas artes se ha hecho de unas botijas.

 

Los machos - es decir los enmascarados que los representan -  entran en escena y mientras el Güegüense los analiza uno tras otro, pronuncia una serie de dictámenes que son otras tantas burdas y chocarreras alusiones.

 

Finalmente cargan los machos con los fardos de la mercancía, montándose los muchachos en ellos, y parten.  En tanto, habiéndoles dado el Güegüense vino al Gobernador, al Escribano, al regidor y al Alguacil, éstos lo despiden.  Se va luego el Güegüense gritando a sus hijos que habrán de divertirse más todavía sin que les cueste nada.

 

         

Personajes: El Güegüense, Don Forsico, Don Ambrosio, Alguacil Mayor, Gobernador Tastuanes, Regidor, Escribano Real, Suche Malinche, Arriero Machos: Macho Viejo, Macho Guajaqueño, Macho Mohino, Macho Moto.


Domingo Monge, Güegüense (Año 1958)

La niña en la foto es su hija Celia Monge (Suche Malinche)

* Foto cortesía de Leyla Monge, hija de Don Domingo

Parte del Diálogo

 

GOBERNADOR: Es necesario, hijo mío. Pero antes suspenda en el campamento de los Señores Principales los sones y robos, andanzas y mudanzas, velancicos y favoritismo que tanto solicitan al cabildo Real, y luego traiga a cómo sea: de la cola, de las piernas, de las narices, o de donde Dios te ayude, a ese inútil Güegüense, Capitán Alguacil Mayor.

 

ALGUACIL: Para servirle siempre, Señor Gobernador Tastuanes.

 

Güegüense: ¡Ah, muchachos! ¿A qué ternero o potro quieren amarrar por allí de la cola, de las piernas o de las narices?

 

DON AMBROSIO: A vos, Güegüense embustero.

 

Güegüense: ¿Me hablas, don Forcico?

 

DON FORCICO: No, papito. serán los oídos que le chillan.

 

Güegüense: ¿Me hablas, don Ambrosio?

 

DON AMBROSIO: ¿Quién te ha de hablar, Güegüense embustero?

 

Güegüense: ¡Cómo no, mala casta, saca fiestas sin vigilia en los días de trabajo! [Al Alguacil, cuyos pasos escucha] ¡Ora!, ¿quién quiere saber de mi nombre?

 

ALGUACIL: Un criado del Señor Gobernador Tastuanes.

 

Güegüense: ¿Cómo? ¿Qué criada? ¿La chocolatera, la lavandera o la componedora de ropa del Señor Gobernador Tastuanes?

 

ALGUACIL: Ni chocolatera, ni lavandera, ni componedor de ropa; un criado del Señor Gobernador Tastuanes.

 


Clic aquí para leer la obra completaEl Güegüense según Carlos Montenegro

 

Vestimenta requerida para el Baile del Güegüense o Macho Ratón

 

Generalidades:  Estos datos se refieren al baile original que se presenta durante las festividades patronales de San Sebastián en Diriamba.

 

Participantes: El baile consta de veinticuatro (24) participantes distribuidos en la siguiente forma:

 

12 Machos

7   De los de adentro

2   Damas

3   Músicos

 

Vestimenta de los Machos:

 

(12) Penachos de cabuya, pintado en negro, café, rojo, amarillo y blanco.

(12) Máscaras de macho (De madera: cedro o acetuno)

(48) Pañuelos, dos a cada lado de cada bailante.

(12) Rosas de plástico grandes.

(72) Flores de papel brillantes, varios colores.  Aproximadamente 12 por bailante.

(60) Cintas de varios colores, aproximadamente 5 por bailante.

(12) Chalecos negros, adornados con: leontinas, cadenas y adornos

(1)   Cofre pequeño para el macho viejo.

 

Nota: Para los penachos se requiere 36 libras de cabuya, en total.

 

Vestimenta de los Adentro:

 

(4) Capoteras.

(7) Ligero, o delantal con moneda.

(7) Centros.

(7) Pañuelos grandes.

(4) Gurriones adornados con flores y collares.

(7) Rosas grandes.

(3) Sombreros adornados con monedas.

(35) Flores de plástico.  Aproximadamente 5 por bailante.

(7) Contrabandos con cintas.

 

Nota:  Los Sombreros (3) son forrados de tela de pana o fieltro, y llevan adornos de monedas, cordones dorados y plateados, y flecos.  Los ligeros d de pana, con flecos, y adornos de monedas de "oro y plata".  La capotera o capa es un pañuelo grande de seda, con trencillas.

 

Vestimenta de las damas

 

(2) Vestidos largos con mangas largas, color celeste o rosado.

(2) Coronas.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

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